jueves, 24 de julio de 2014



EL TAHUANTINSUYO



Fue el más grande y antiguo imperio desarrollado en el continente americano. Tuvo como sede a la ciudad de Cusco y data del año 1200 d.C. La palabra Tahuantinsuyo proviene de un nombre compuesto por dos vocablos quechuas: Tawa, que significa cuatro, y Suyo, que quiere decir Estado.

El área territorial del imperio fue vastísima. Ocupó una superficie de más de 3'000,000 de Km² que incluía casi 5,000 km (3,107 millas) de costa sobre el Océano Pacífico, lo que representa hoy poco menos del doble de la costa del territorio peruano.

El mismo nombre: Tahuantinsuyo, nos indica la división del territorio, basada en relaciones de dualidad, tripartición y cuarta-partición, característicos de la mentalidad inca.

Los cuatro suyos o naciones tenían como centro geográfico y político al Cusco.


Al noroeste se ubicaba el Chinchaysuyo, que iba hasta el Río Ancashmayo en Pasto, Colombia; al noreste el Antisuyo, en los valles subtropicales, ocupando parte de la selva baja amazónica; al sudoeste el Contisuyo ocupaba parte de la costa peruana hasta el Río Maule en Chile, y al sudeste el Collasuyo, que ocupó gran parte del actual territorio boliviano, llegando hasta Tucumán, en el Norte de Argentina.

Todas las tierras pertenecían al Sol, al Inca y al Estado. Estas eran distribuidas de tal forma que cada habitante tenía una parcela de tierra fecunda que trabajar. Los varones recibían un topo o tupu (2700 m²; 0.27 Ha, 0.67 acres) al nacer, mientras que las mujeres recibían tan sólo medio topo. No podían venderlas ni heredarlas, ya que no eran posesión suya sino del Estado incaico; por ello, cuando una persona moría, sus tierras eran destinadas a un nuevo habitante.




LA SOCIEDAD INCA


El Tahuantinsuyo


La sociedad Inca estaba caracterizada por un orden jerárquico que colocaba en la cabeza el poder absolutista del Inca; lo seguía la nobleza, a quienes los conquistadores españoles llamaron orejones, porque mostraban los lóbulos de las orejas deformados como consecuencia de llevar pesados ornamentos que los diferenciaban de los demás.

De acuerdo a la escala social del imperio seguían los runas o mitimaes, considerados como gente vulgar. Era la masa del imperio, quienes realizaban las tareas obligatorias en las mitas, un sistema de trabajo colectivo. Finalmente, estaban los Yanaconas o Yanakunas, quienes eran los sirvientes de la casa y provenían de las naciones conquistadas.

Por esto es que sabemos que el pueblo inca fue estrictamente conquistador. Producto de estas conquistas reunieron a numerosos pueblos con ritos y costumbres propias. Para conciliar y contrarrestar esta disparidad cultural implantaron el Runa Simi o Quechua, como idioma oficial, y establecieron además una organización social basada en principios morales de obediencia y persecución permanente del delito.

Principios que hoy son conocidos como las leyes básicas del Tahuantinsuyo: Ama Sua (no seas ladrón), Ama Llulla (no seas mentiroso) y Ama Kella (no seas perezoso).

Nadie puede discutir la espectacular organización inca, no sólo por el manejo del inmenso territorio; sino, además, por el éxito de la conducta paternalista de la nobleza inca. Pese a que ostentaban un gobierno monárquico, que tenía antecedentes negativos en Europa y el resto del mundo, la población del imperio nunca pasó hambres, ni privaciones.

Este equilibrio social, actualmente, es visto desde varios enfoques: sistema esclavizador a partir del estudio de la nobleza, y social-imperialista estudiado a partir de los runas.

Por lo mencionado, el Tawantinsuyo merece un título especial entre las sociedades de mayor desarrollo, que considere tanto sus actividades productivas y artísticas, como su planificación social y política. 
INFORMACION HISTORICA


Cusco, mística capital del Imperio Incaico, conserva orgullosa sus paredes y muros de piedra, que evocan la grandeza de los hijos del sol. Cusco, ciudad pletórica de monumentos y reliquias históricas, de mitos y leyendas, que parecen renacer cada vez que uno recorre sus calles centenarias.
Visitar la antigua ciudad del Cusco, localizada en el valle del Río Huatanay, en los Andes sudorientales del Perú, a 3,360 m.s.n.m., es una experiencia inolvidable, que permite develar algunos de los misterios de los Incas, porque el Cusco fue el centro, el ombligo del mundo andino.
La historia de la ciudad imperial, según cuenta una leyenda, se remonta al siglo XI o XII, cuando el primer Inca, Manco Capac, funda el Cusco en cumplimiento de un mandato del Dios Sol. El 23 de marzo de 1534, Francisco Pizarro, realiza la fundación española del Cusco.
En la actualidad, Cusco, la capital arqueológica de América, es una ciudad abierta al mundo, que acoge con los brazos abiertos a los visitantes, quienes observan maravillados su extraño cariz, que fusiona en un mismo ambiente urbano y con particular armonía, monumentos precolombinos como el Amaru Cancha (Cerco de Serpiente), el Kiswar Kancha, entre otros; con joyas del mestizaje como la Catedral, la Iglesia y Convento de la Merced y el Templo de San Blas.
Cusco está rodeado de impresionantes restos arqueólogicos, como la ciudadela de Machu Picchu, la fortaleza de Saqsaywaman, el complejo de Ollantaytambo y de pueblos pintorescos como Pisaq, Calca y Yucuay, que mantienen las tradiciones de sus antepasados.

 
HISTORIA DEL CUSCO



Más de 3000 años de antigüedad la respaldan para ser considerada como 
La ciudad vigente más antigua de América. Cusco, y su diversidad cultural y geográfica, han sufrido y gozado avatares a través de los años, que la han convertido en un centro histórico de estudio y en el foco turístico más importante del país. 

Las opiniones difieren en cuanto a los primeros pobladores de la ciudad. Algunos afirman que fue el pueblo de Marcavalle, o las tribus de SawasirasAntasayas y Wallas, las que antiguamente poblaban el valle. Otros se basan en la mitología inca, que confiere a Manko Qhapaq y Pachakuteq la fundación de la ciudad. No hay certeza para ninguna de las dos posturas; lo que sí existe es una gran cantidad de muestras pre-cerámicas que respaldan el título de antigüedad asignado a la ciudad.

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PLATOS Y BEBIDAS TIPICAS


Una exquisita forma de descubrir algo más acerca de las culturas de los pueblos es probando sus potajes. Cusco ofrece al visitante uno de sus elementos culturales más distinguidos: sus platos típicos. 

Las "chicherías" y "picanterías" están abiertas para quien desee disfrutar del sabroso rocoto relleno, distinto al de otros lugares, el puchero, el pepián de conejo o cuy, el queso kapiches y la chuñocola, todo acompañado de la refrescante cerveza del lugar, aguardiente o chicha, de acuerdo a su gusto. 

Si alguna vez ha probado estos potajes, y desea saber qué contienen o cuál es su preparación, aquí le brindamos algunas recetas de los platos típicos de la ciudad. 

TIMPO O PUCHERO


Plato que se prepara durante los martes de carnaval, y que consiste en hervir un pecho de vaca, cabeza de cordero, tocino y patas, para añadir luego hojas enteras de col, papas, moraya, garbanzos y arroz. En una olla aparte se hierven camotes, duraznos, peras y yucas. Ambos alimentos se sirven en platos separados, de forma similar al "sancochado", pero cubriendo los ingredientes con una hoja de col. 

CHUÑO COLA


Es una comida típica que se consume en cualquier fecha del año. Se hace hervir un caldo de carne con unas salchichas, arroz, garbanzos y papas de regular tamaño. Luego se le agrega chuño disuelto en agua fría y se cocina hasta que tome punto. Generalmente, este plato se come con un cucharón de palo, llamado huislla. 

ROCOTO RELLENO


Para este potaje se buscan rocotos grandes, se les corta la punta y se les retira las pepas del interior con mucho cuidado para no romperlos. Luego se les somete a tres hervores. El relleno se prepara con carne molida, maní, pasas y arvejitas, sazonadas al gusto. Ya rellenos se rebozan con huevo batido y se fríen en aceite bien caliente. Se sirven adornados con papas doradas. 

PEPIÁN DE CONEJO O CUY


Elija usted la carne que le apetece, pase al animal por agua hirviendo y pélelo con cuidado. Sáquele las vísceras. Córtelo en cuatro trozos y sobre cada uno de ellos espolvoree harina de maíz antes de freírlos en aceite bien caliente. En otra cacerola prepare un aderezo de cebolla, ajo dorado y ají colorado. Los cuyes se colocan sobre el aderezo y se les agrega maní. Se sirve con arroz graneado y papas sancochadas. 

KAPCHI 


Guiso o sopa de habas o de setas con papas, leche, huevos y queso. 

CHICHARRON CON MOTE


Carne de cerdo cocinada en su propia grasa acompañada de mote o maíz desgranado. 

HUMITAS


Masa dulce de maíz rellena con canela y pasas, envuelta en hojas de maíz y cocida al vapor. 

TAMALES 


Masa de maíz rellena con carne, envuelta en hojas de plátano y cocida al vapor. 

LAWA


Sopa de maíz fresco, habas, ají amarillo seco y huacatay. 

ADOBO


Carne de cerdo adobada con chicha y especias, cocida a la olla. 

OLLUCO CON CARNE


Guiso de ollucos y cecina o carne de llama.
CUSCO MAGICO Y FESTIVO


La mejor, la única forma, de compenetrarse con una ciudad que vive de fiesta como el Cusco es entender el sentido profundo de sus celebraciones. La gama de fiestas que propone al viajero es casi infinita. Es más, las principales ceremonias son las que establecen los grandes momentos. Por cierto, el Cuzco no es ajeno a las celebraciones nacionales como las Fiestas Patrias, pero ninguna de ellas puede igualarse a la capacidad de convocatoria que tienen sus fiestas regionales.

El Coyllur Riti, por ejemplo, congrega a peregrinos no sólo de nuestro sur andino, sino también de otros países del área. Por otra parte, existen también fiestas menores relacionadas con la vida cotidiana que sacralizan actos del diario vivir, como la limpia de acequias, la herranza del ganado, el primer corte de pelo o la unión de las parejas.

Junto a ello, y como confirmación de la versatilidad y diversidad del Cusco como ciudad festiva, en los últimos años la modernidad ha irrumpido en la ciudad y hoy cuenta con lo que podría considerarse como el festival de música juvenil más grande del país.

El hilo histórico de las fiestas
Desde la época incaica, las ceremonias religiosas, militares y cívicas ocuparon un lugar importante en la Ciudad Sagrada de los Incas, pues así se reafirmaba el carácter mágico y mítico de la ciudad. En la época colonial, las festividades religiosas adquirieron mayor relevancia. A lo largo de los años, las fiestas han sufrido una serie de transformaciones pero, a pesar de todos los elementos que se han ido incorporando, no han perdido sus características primordiales y siguen estando, en su mayoría, asociadas al calendario agrícola y ganadero.

Las fiestas del ciclo vital
Se trata de una serie de fiestas que cumplían -y aún hoy lo hacen- un papel fundamental en la vida social pues con ellas se creaban y reforzaban los lazos de compadrazgo y reciprocidad entre las comunidades campesinas. Entre ellas destaca el corte de pelo o rutuchikuy; el serwinakuy o matrimonio de prueba, y el día de los difuntos.

Las fiestas coloniales
La fiesta cobró renovada importancia en el mundo colonial. La fiesta barroca, espléndido producto de la contrarreforma, fue concebida como un método de resistencia contra los embates del protestantismo. Al ser considerada como la institución civilizadora por excelencia, las autoridades españolas buscaron la participación en ellas de todos los sectores sociales.

Así, en las nuevas plazas, en las misas y en las procesiones, junto a los cantos y los fuegos artificiales, los pobladores indígenas fueron, poco a poco, incorporados en el nuevo orden.

La riqueza de la vida ritual prehispánica facilitó el establecimiento del ceremonial colonial y contribuyó a la simbiosis. Como la religión católica es también una religión de culto solar, las fechas de las festividades católicas coincidieron con las del mundo andino y el calendario festivo occidental se yuxtapuso sobre el andino. Se consigue así, por ejemplo, hacer coincidir el Inti Raymi y el Corpus Christi.

La Semana Santa y el señor de los temblores
La Semana Santa es una conmemoración central en el mundo católico pues recuerda la muerte y resurrección de Cristo. En el Cuzco, esta celebración está asociada al Señor de los Temblores, protector de la ciudad.

La imagen del Taytacha Temblores, como se le llama en el Cusco, impresiona por la expresión de dureza y dolor de la imagen ante la agonía. El culto se remonta a la época colonial, cuando en 1650 un implacable terremoto prácticamente destruyó la ciudad y la población decidió sacar el Cristo en procesión por las calles de la ciudad.

Por la cruz, los santos y las cosechas
En la conquista de América, la cruz fue el símbolo de la nueva religión y de la civilización europea. Significativamente, los Concilios Limenses ordenaron la colocación de cruces en todos los antiguos lugares de culto. Pero, pese a las imposiciones, los indígenas siguieron venerando a sus huacas debajo del símbolo cristiano. Con el paso de los siglos, se fue dando un proceso de sincretismo religioso, en el cual la cruz se fue asociando a las huacas y terminó convirtiéndose en el signo de integración entre la religión católica y las creencias indígenas. Hoy en día, la cruz ocupa un papel fundamental en el mundo andino. La fiesta de Cruz Velacuy se celebra la primera semana de mayo y coincide con el período de cosecha.

Fiestas regionales
En las últimas décadas, las fiestas regionales han alcanzado mayor popularidad, llegando a convocar a miles de peregrinos de todo el sur andino y países vecinos. La organización de las fiestas y la competencia entre los devotos por asumir el cargo y la mayordomía para la fiesta, son claro indicio de su importancia y significado. Las fiestas regionales más celebradas en el Cuzco son: la del Señor de Coyllur Riti, el Señor de Huanca y la Virgen del Carmen.

El renacimiento del Inti Raymi
En 1944, por iniciativa de Humberto Vidal, representante del Centro Inca Garcilaso y uno de los protagonistas más ilustres del movimiento neo-indigenista, se estableció la Semana del Cusco. El 24 de junio de cada año fue declarado como día central del Cusco y se dispuso que el evento principal sea la evocación del Inti Raymi en la explanada de Sacsayhuamán. Asimismo, se compuso el himno y la canción de la ciudad. Para algunas personalidades del Cuzco, se trataba de impulsar una "revolución" dirigida a los cusqueños con la finalidad de que asumieran la importancia de valorar el pasado incaico.
CUSCO CULTURAL


Cusco es y será una capital cultural. Lo fue en los tiempos del Imperio como su centro neurálgico y lo es ahora, como una de las ciudades más importantes de la región. Pero, es, además, un destino turístico obligatorio para aquellos que aman la historia del hombre.
No es sólo una ciudad arqueológica, es decir, Cusco no es sólo sus ruinas, sino también su gente y sus costumbres, esa rara pero enrriquecedora mezcla de la vieja Europa y el nuevo continente.



















¿Qué puede hallar en el Cusco?: Colorido, amabilidad, alegría, y variedad infinita de usos y costumbres, de ropas y bailes, como el de los Chunchos, los Qollas, el Carnaval Cusqueño, la Danza de los Doctorcitos, la Danza de los Negritos, la Contradanza, la Saqra K'achampa, el Panadero, por citar algunos.
El arte popular cusqueño no tiene parangón. La creatividad natural de los nativos se ha manifestado a todo lo largo de la historia de esta ciudad, que, por otro lado se enrriqueció con la llegada de los españoles trayendo nuevas ideas y técnicas.
Cusco es famoso por su textilería. La destreza de sus tejedoras asombra cuando tejen sus prendas de lana de alpaca, llama o vicuña. También destaca la escultura en arcilla, que trasmite la cosmovisión andina y su visión del mundo occidental. Los retablos impredecibles y la imaginería peculiar son dos buenos ejemplos.
El sincretismo que ocurrió hace más de 500 años, es palpable en el Cusco. Basta caminar por sus calles. Hatum Rumiyoc, y el Koricancha, es la arquitectura fundida de dos pueblos diametralmente opuestos. Las iglesias del Cusco corroboran esta opinión.
Los mismo sucede con la pintura. En el estilo de los viejos pintores de la Escuela Cusqueña se atisba España, pero también el Ande, no por nada sus obras son apreciadas incluso en ultramar.
Pero no hay que olvidar que un paseo por sus museos es la mejor lección de historia que uno puede llevarse a su país.
En cuanto a la gastronomía, la cocina cusqueña acostumbrada a los cambios, convive en paz con la modernidad. Su viaje al Cusco no estaría completo si no prueba la sazón inconfundible de los andes. El adobo, el cuy, el cordero o los chicharrones impresionarán su paladar, y el sabor le quedará grabado para siempre.

Folklore


Cusco se caracteriza por la riqueza y diversidad de sus tradiciones. Destacan el baile de los Chunchos, los Qollas, el Carnaval Cusqueño, la Danza de los Doctorcitos, la Danza de los Negritos, la Contradanza, la Saqra K'achampa y el Panadero, entre otras.