Pero, también hay talleres de famosos artesanos reunidos tradicionalmente en el barrio de San Blas. Allí se producen las famosas esculturas de santos, Vírgenes, arcángeles y Santiagos con cuellos alargados, confeccionadas con pasta de harina de trigo, arroz y yeso por la familia Mendívil, consideradas verdaderas piezas de colección.
Igualmente, destacan las prendas de lana de alpaca, llama y oveja, así como los sombreros de fieltro. También se puede encontrar hermosos trabajos de plata, con motivos incaicos y coloniales, cerámica diversa, instrumentos musicales como quenas, zampoñas y charangos. Uno también puede encontrar espejos con marcos de yeso y pan de oro, así como pinturas con motivos regionales.
Con su compra el turista no sólo se llevará un objeto de arte, sino también, un fragmento de la creatividad y la magia milenaria de este pueblo.
La oferta artesanal en Cusco es diversa, se encuentran tejidos, imágenes, piezas de cerámica, joyas en plata con motivos andinos, tallas, entre otros objetos. Sin duda uno de los barrios más importantes por su tradición artesanal es San Blas, allí se pueden visitar los talleres de maestros como los Mendívil, Edilberto Mérida, Antonio Olave y Gregorio Béjar. La riqueza y variedad de imágenes abarca Reyes Magos, Vírgenes, Niños Manuelitos, Arcángeles, entre muchas otras piezas.
  
Los alfareros cusqueños son tributarios de dos tradiciones de altísima calidad: la inca y la colonial. El estilo Inca Imperial se caracteriza ante todo por la calidad de su pulido, la simplicidad y nobleza de sus formas, así como por la sobriedad en su decoración, la que es profusamente imitada en la actualidad por los artesanos cusqueños. Durante la colonia, la mejor cerámica cusqueña consistía en piezas vidriadas con predominio del color verde sobre fondo cremoso y con diseños principalmente fitomorfos, pero este tipo de producción es bastante raro en la actualidad. 
TEXTILERIA
  
Los tejidos ocupaban un lugar singular en el mundo andino pues, al margen del uso cotidiano, cumplían funciones rituales y mágicas, además de servir para pagar tributos y servicios recibidos. Es por ello que, incluso en la actualidad, las campesinas quechuas de las diversas provincias cusqueñas son diestras tejedoras. Sus manos fabrican, en lana de alpaca u oveja teñida con tintes vegetales, gran variedad de prendas: chumpis o fajas, ponchos y chullos, llicllas (chales), queperinas y uncuñas que las mujeres usan para cargar, sea a sus bebés o diversos productos.
Las ferias dominicales de Písac y Chinchero son lugares tradicionales para la compra de tejidos. |
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En la ciudad son de visita obligada las Tiendas Museo de Josefina Olivares e hijos, y Santa Clara. Aquí se pueden encontrar textiles de toda la región del Cusco e incluso de departamentos vecinos. La característica más valiosa de estas prendas, tejidas en los últimos cincuenta años, es que son elaboradas no pensando en el turista, sino para el uso de los propios indígenas quechuas o aimaras. Los pallaes que se aprecian en estas mantas son variadísimos: estrellas, plantas, cóndores y caballos, vizcachas y hasta camiones pero, tan estilizados, que armonizan perfectamente con el resto de diseños.
  La platería cusqueña es también heredera de antiguas tradiciones prehispánicas y coloniales. De raíces andinas, son por ejemplo los tupos, esos alfileres ornamentales con los que las campesinas sujetan sus mantas. Estos objetos son trabajados también en cobre y presentan una rica ornamentación en la cabeza del alfiler con motivos animales y vegetales. Algunas de las técnicas que conservan los plateros cusqueños son también de origen prehispánico, como la de bocetear los moldes en barro mezclado con pelo de alpaca y de cuy.
La cerería es otra de las artes populares que florecen en el Cusco. La razón de este fenómeno es que las velas y los cirios decorados se utilizan profusamente durante las numerosas celebraciones religiosas. En la calle Meloc, a pocas cuadras de la Plaza de Armas, el visitante encontrará la mayor cantidad de tiendas de velas.
Entre los más diestros artesanos cereros está sin duda la familia Moreno. La iniciadora de esta tradición fue la señora Rosa Moreno, fallecida en 1988. Ella, a su vez, había aprendido los secretos del oficio de su abuelo, hábil en la fabricación de velas decorativas y ciriones.
Los descendientes de Rosa Moreno continúan hoy la tradición familiar y siguen haciendo velas utilizando anilinas, purpurina y oropel para conseguir el brillo y la riqueza cromática que caracteriza su decorado. El tamaño de las velas va de un centímetro hasta enormes ciriones de dos metros. Estos artesanos también trabajan por encargo, de acuerdo a los diseños que les presentan los clientes.
IMAGINERIA
 
La imaginería cusqueña es, de lejos, la actividad que más lustre ha dado a los artesanos cusqueños, e inclusive ha procurado que el nombre de muchos de ellos traspase las fronteras del país. Con materiales como la madera, el maguey, el yeso y la tela encolada, y con el uso de técnicas que se han transmitido de generación en generación durante varios siglos, los imagineros cusqueños dan forma a vírgenes, santos, Cristos, ángeles, niños Manuelitos y Reyes Magos que atienden una demanda de los devotos del campo y la ciudad, así como de miles de visitantes nacionales y extranjeros. |
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Muñecas del Cusco Maximiliana Palomino y su esposo don Enrique Sierra han innovado las técnicas de la imaginería para hacer lo que ellos llaman muñecas que en realidad son pequeñas esculturas que representan a los diversos tipos humanos de la región del Cusco. Su técnica consiste en preparar una especie de maniquí de cartón prensado. Este maniquí luego es cubierto con una pasta preparada de harina de trigo, yeso y cola con la que se modela el cuerpo y sobre el rostro. No está demás señalar que cada muñeca documentada que sale de las manos de doña Maximiliana es una pieza única, ya que la artista se niega a utilizar moldes para la fabricación en serie.
Niños Manuelitos Otra reputada dinastía de imagineros cusqueños es la de los Follana. Hasta 1999, en efecto, cuando dejó de existir el casi centenario don Emilio Follana, era el patriarca de los artesanos cusqueños. Algunos de sus niños Manuelitos eran únicos, pues tenían las extremidades movibles gracias a un complicado sistema de alambres y madera liviana. El arte de don Emilio lo continúan en la actualidad sus nietos Oscar Ravelo Follana y Jaime Gil Follana, quienes han introducido algunas innovaciones en la fabricación de las imágenes religiosas.
Angeles del Cusco En el Cusco, las Madonnas lucen mejillas sonrosadas a la manera de las mujeres andinas, los ángeles visten de dorado y llevan puestos sombreros al estilo Flandes. En iglesias y templos, los óleos antiguos y majestuosos que adornan sus naves, revelan la presencia de cierta iconografía que ya no pertenece a una estética exclusivamente europea. Son las pinturas de la Escuela Cusqueña, esa muestra única de mestizaje cultural en el que confluyen tanto la vocación evangelizadora española como la reacción, pagana pero igualmente fervorosa, de los artistas indígenas.
Fue hacia finales del siglo XVII que uno de ellos, Diego Quispe Tito -sin duda la figura más importante de esta corriente- desarrolló una obra que sería la primera manifestación de una plástica local y significaría, además, una verdadera escisión entre pintores españoles y andinos.
En su obra se prefiguran ya, algunas de las principales características de la escuela: el trazo fino, la marcada influencia de los grabados flamencos y la abundancia de elementos decorativos en los trajes. Asimismo, la impronta mística y profundamente religiosa de la escuela se vería reflejada en las series de arcángeles, vírgenes y santos que -característicos de la pintura virreinal americana- tienen su origen en la necesidad de los colonizadores hispanos de capturar la imaginación de los antiguos cusqueños con una iconografía deslumbrante y conmovedora.
Naturalmente ligado a la fundación de iglesias y monasterios, hoy podemos apreciar el arte de la Escuela Cusqueña en templos como el de Santo Domingo, levantado sobre los restos del Koricancha, el Templo del Sol, o en la Catedral del Cusco. A través de los siglos, la tradición de los pintores cusqueños ha pasado de generación en generación, de maestros a aprendices, de padres a hijos, para cautivar, con su iconografía deslumbrante y conmovedora, esta vez al visitante moderno.
CONOPAS O ILLAS  Un caso singular de objetos que conjugan valor artístico con propiedades mágicas, es el de las conopas o illas, que son unas figurillas talladas en piedra, por lo general, en forma de alpaca con un agujero en el lomo o de un corral que, en uno de sus lados, presenta una alineación de alpacas u ovejas. |
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